Recorrer Estados Unidos por tierra y aire
“Cae la noche una vez más y los hombres, que viven y mueren y no son felices, se empeñan contra toda esperanza en vivir, en negarse a morir, en ceder terreno a la desesperación”
Alfonso Armada, El sueño americano, Cuaderno de viaje a la elección de Obama
Cuando ví la portada del libro de Alfonso Armada, El sueño americano, Cuaderno de viaje a la elección de Obama, en la que aparece un atractivo Obama, calmado, sentado, observando, con una sonrisa de las que demuestran que detrás está esa felicidad cargada de vida, de tristeza y amor, en definitiva, de vida, uno piensa que se trata de un análisis de la figura de Obama, de su llegada al poder. Estando firmado por Alfonso Armada, y porque sigo sintiendo la misma curiosidad por este político, decidí que quería ese libro y después lo ojeé. Lo puse en la larga lista para los variados Reyes Magos que recogerían mis encargos. Y esperé a que llegará el día seis. No sabía más que Alfonso Armada es uno de los grandes periodistas y humanistas de este país, y que su visión sobre Obama me interesaba.

Una vez que lo tuve en mis manos me di cuenta de que no sólo se trataba de un libro, de hecho no había nacido como tal, sino que era resultado de la paliza que el periodista había dado a sus jefes en ABC para que le permitieran recorrer los sitios claves para la reelección de Barack Hussein Obama durante las tres semanas previas a las elecciones. Lo había ido escribiendo durante su viaje, publicándolo en un blog del periódico que todavía está disponible. Así que, efectivamente, no hace falta que os lo compréis -el libro tiene el extra de los artículos que fue publicando en el propio periódico, lo cual sí es un valor añadido muy interesante, pero que también se pueden encontrar en la hemeroteca-.
Pocos días después de terminar de leerlo he visto la película Up in the Air, dirigida por Jason Reitman, director también de Juno, y protagonizada por George Clooney. Y encontré que juntos, son una buena forma de recorrer Estados Unidos por tierra y aire. Se complementan dibujando un Estados Unidos gris, en crisis profunda, alicaído, desesperanzado, incapaz de inventar fórmulas para reinventarse y así, poder sobrevivir.
El sueño americano de Alfonso Armada se adentra en los pilares de la concepción de Estados Unidos para extraer un diagnóstico, y lo hace al modo del viajante: reparando en los detalles, en las señales que la ciudad y sus habitantes envían sin saberlo, a través de las conversaciones con los taxistas, pero también de los encuentros con los estudiosos y especialistas, con su profundo conocimiento del país del que fue corresponsal durante siete años en Nueva York, con la mirada curiosa imprescindible del buen periodista, rompiendo con los estereotipos, ignorando el maniqueísmo que la propia utilización del término reivindica. ”El objetivo era rastrear y tratar de poner a contraluz los factores que podían decidir el resultado: el papel de la religión, el voto de los red necks (la clase obrera blanca), la importancia de la raza, la crisis económica y la inclinación de los Estados dudosos como Ohio, además de los hispanos, la inmigración y la frontera“, explica el autor. Así descubrimos, por ejemplo, la asignatura Dios y “The New York Times”, que se imparte en la prestigiosa Divinity School de la Universidad Wake Forest, porque parece ser que es el periódico en el que más referencias religiosas o espirituales encontramos. Así describe Armada esta escuela de teología ecuménica, donde se estudia la historia y la religión, “es como si fuera un laboratorio para cambiar el mundo a partir de cada alma, una incandescencia contagiosa labrada en el respeto y el trabajo, desde la búsqueda de la verdad, desde el consuelo y la labor social, una conciencia que está en sintonía absoluta con la candidatura de Barack Obama”. Y así, poco a poco, a través del paisaje, de los sonidos, de las conversaciones vamos descubriendo un país nuevo, gracias a la exquisita capacidad de comunicar de Alfonso Armada. Es su Estados Unidos, el que cuando viaja en la soledad de la noche, rodeado de “la otra gran melancolía americana, la de los camiones inmensos y temerarios (…) para la comunión entre la mercancía, el intercambio, el progreso y el esfuerzo individual” tiene su propia canción,Phantom 309 interpretada por Tom Waits.
Recorrer Estados Unidos acompañado de uno de los periodistas más activos y cultos de España, durante dieciocho días, hasta compartir la intimidad en la que confiesa que la noche que vivió en el Grant Park de Chicago en la que Obama se declaró vencedor de las elecciones con “un discurso de una sencillez y emoción admirables, contenido, sobrio, casi sombrío, consciente de la importancia del momento” fue el momento “no sé si el más emocionante de mi vida, pero desde luego sí el que más me ha calentado el corazón y la cabeza (en el mejor sentido de la palabra) desde que Estados Unidos y Nueva York pasaron a formar parte de mi existencia“.
Up in the air no trata sobre específicamente sobre Estados Unidos y, de hecho podría tratarse de cualquier otro gran país rico. Un hombre que disfruta de la soledad elegida, que vive los incordios propios de los aeropuertos, de los vuelos y de dormir casi cada noche en un hotel diferente, como una forma de libertad, de sentirse ligero, sin lastres. Porque ni siquiera los familiares lo tienen fácil para localizarte en los aviones, ni en los hoteles. Todo esto son elementos a evitar. Un hombre cuyo curioso trabajo consiste en despedir a los trabajadores de multinacionales, con la psicología necesaria para que lo vean como una oportunidad de emprender nuevas vidas y no tomarla con la empresa. En una trama si no dramática, digamos que oscura, hay momentos para la risa y la distensión. Pero, en realidad, por lo que me resulta complementaria para el libro de Armada, es por el personaje protagonista: por el convencimiento en un planteamiento vital que no puede no resquebrajarse, por la desesperanza, por el intento de reinventarse, por el primer fracaso y la falta de reconocimiento de las otras opciones posibles, por el atractivo triste como el de los edificios neoyorquinos, sucios, viejos, inseguros e incómodos, pero que no por ello dejan de ser una de las partes fundamentales de quizás una de las más grandes obras de la humanidad.
Ryan Bingham, George Clooney, se presenta como una máquina eficaz, pero con las fisuras que le hacen imperfecto, humano. El Estados Unidos de Armada, una máquina ineficaz, resquebrajada por todos los seres humanos que nos demuestran que ser la primera potencia del mundo no es sinónimo de ser mejor, ni más justa, ni con mejor futuro. En Up in the air la trama rompe cuando atisbamos un poco de esperanza para el protagonista, una vida real, con emociones. En El Sueño Americano aparece Obama como ese impasse esperanzador que logra conjugar en una persona muchos de los anhelos del otro Estados Unidos. Esa “pantalla en blanco” que el propio Obama reconoció ser, como nos cuenta Armada, en la que cualquiera podía proyectar sus deseos. Nosotros, los espectadores de Up in the air, proyectamos todos nuestros deseos de lo que para cada uno de nosotros representa una vida plena en el personaje de Clooney en un determinado momento. No pudo ser. Aún es pronto, muy pronto, para saber si Obama cumplirá algunos de nuestros deseos.
P.D.: La banda sonora de Up in the Air es simplemente deliciosa.





|