Bestiarios

Los peces, a veces, dan miedo

22 Jan 2012

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Los peces, a veces, dan miedo.
Aunque me gustaría que cuando muera
me tiren al mar y ser devorada a bocados.
Sé que vendrá un delfin y ya no será suave y resbaladizo.
Su sonrisa resultará sádica y me arrancará los ojos.
Le gustará mi sabor gelatinoso a descomposición.

Los peces de aquí no son de colores ni alegres.
Se alimentan de gasoil en los puertos industriales
y de pobreza en los vacíos, en los pesqueros.
El atún enlatado suda mercurio
y me recuerda la oscuridad.

Me da miedo el mar. Por dentro.
Opaco, silencioso, vacío, infinito.
Me da miedo perderme en su soledad.
Y tener los flancos desprotegidos. Ciega.
Me da miedo sentir, rozar, escuchar algo
y no saber qué es.
Me aterra saberme tan a merced del miedo.

Miedos agarrotados en mis costados,
abultando mi estómago como un perro moribundo.
Miedos infundados, posmodernos, acomodados.
Miedos palpables en mi nuca, en mis ojos secos.
El miedo de cuando los cuadros se movían,
de las jeringuillas asomando entre castillos de arena,
de cuando bailaba a espasmos con fantasmas de pastillas.
Miedo a salidas de emergencia atascadas.

Pendulando sobre mi agujero negro de fantasmas
la brisa choca con la carne, que sólo es carne,
con el dolor de la carne y el tiempo,
con las ausencias y el tiempo.

Flotando, olvidados los ojos, los dedos, la cintura,
intuyendo el vértigo del vacío en mis esquinas,
reconstruyendo el calor del ocaso retenido en mi vientre
y el hormigueo de la certeza de que sí, esta vez sí,
no pestañearé y veré el rayo verde.

Carmen Moreno

06 Nov 2011

Portada del libro "Cuando de Dios se equivoca" de Carmen Moreno. Acuarela de Pilar González García-Mier

Portada del libro “Cuando de Dios se equivoca” de Carmen Moreno.
Acuarela de Pilar González García-Mier

Me he autodiagnosticado tendencia a la cursilería y a los superlativos. No es nuevo, pero sospecho que el frío ha agravado mi ‘grandilocuentitis’ . Y justo me he puesto seria con este asunto cuando intentaba explicar la extraña digestión de determinadas relaciones. Porque, una vez más, estaba empezando a caer por la sinuosa y seductora pendiente de la gran-crack-altisonancia  cuando intentaba explicar que “Hay encuentros que se construyen en curvaturas antojadizas del espacio-tiempo. Encontronazos que se vuelven cotidianos al segundo tema de conversación, y que se guardan intuitivamente en el cajón del territorio explorado y seguro. Son personas-hogar, con las que cuando empiezas a reír sabes que podrías compartir llantos igual, sin taparte la boca, los ojos, ni las ganas de sacarlo todo fuera. Carmen Moreno es una de esas personas”. Y lo releo y, efectivamente no miento, pero desde fuera, lo que habría contemplado un “privilegiado espectador” –Moreno y yo, a ratos, compartimos una autoestima saludable, digámoslo así– habría sido a dos escandalosas reidoras y compulsivas gesticuladoras que vislumbran desde el surrealismo lo que a ratos se les dibuja gris y aburrido, pero que la experiencia les ha demostrado que, si una está predispuesta, puede ser una caja de sorpresas.

Y en realidad, han sido tres encuentros “físicos” y algún chateo a deshoras. Pero, aquí “la tímida”,  y la otra “reflexiva” se zambullen en las conversaciones como si no hubiera un mañana, liquidan temas en media hora porque para eso no sabemos cuando nos vamos a volver a ver, y se dejan tomar el pelo la mar de a gusto. Por todo eso, cuando el domingo pasado, en el autobús de vuelta al Norte, me dispuse a abrir los dos libros de poesía, suyos, que me había regalado, sentí un extraño pudor y cerré el libro. Una primera ojeada y la certeza de que aquello iba en serio, de que entraba en territorio íntimo, en palabras-carne, en tierra vivida, en días ganados al dolor y a la muerte, y un desasosiego haciéndose hueco a codazos en la boca de mi estómago. A mi lado, una señora explora los canales de música con los cascos puestos. Aún así no estoy segura de arriesgarme a que ella pueda leer algunos de esos versos a la vez que yo.

“La pared me dice

que otro enfermo se ha atrincherado

al final del pasillo

esgrime un cuchillo de plástico

las mujeres sienten miedo

y nadie entra en el infierno del idiota”.

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-Señorita, ¿cómo se llamaba aquella maniquí mulata, con ojos claros…bellísima?

12 Sep 2011

Cádiz, Agosto de 2011

Sabía que había leído antes a Manuel Rivas hablando sobre la becada, esa ave con un amplio ángulo de visión, casi panorámico, muy “valorada” por los cazadores -ése fue el verbo empleado por el escritor, aunque en realidad lo que valoran es darle muerte- por lo difícil que resulta atraparla y porque es la primera que da la voz de alerta al resto de los animales cuando los depredadores entran en su territorio. Este orden elegido por el autor de los argumentos por los que es perseguida también se le había quedado grabado y no le parecía el acertado. En todo ello iba pensando, a saltitos, mientras jugaba con las palabras del enamoramiento, como hacía uno de sus protagonistas en ¿Qué me quieres, amor? con los huesos de la cereza de su amada en la boca… Así iba llenando yo los silencios de las comas de mi conversación mental, “Ay, Rivas, Rivas”, con esas pequeñas desavenencias, casi domésticas, que una se permite cuando sabe que no romperán el encandilamiento. Justo ahí andaba cuando empezó a dejar caer su cuerpo sobre la silla y un “señorita, disculpe”, suave pero nada dubitativo, la puso alerta y en pie como un resorte.

-”¿Cómo se llamaba aquella maniquí mulata, con ojos claros…?”

Apenas empezaba a encajar esos ojos vivarachos, redibujados con profundas arrugas de vida reída y llorada a gusto, dentro de esa barba blanca, recortada, cuidada; y ésta en ese rostro bronceado de días y noches de cara a la mar… Mientras, las palabras rezongaban en el cajón de los sinónimos: “Señorita”, ufff; “llamaba”, ¿está muerta?, pasado muy lejano; “maniquí”, modelo; “mulata”, negra; “ojos claros”, ¿lentillas?…Y justo en medio de esa marabunta de conexiones neuronales buscando aliados en revistas, programas de televisión, películas, Prêt-à-porter, Ini Kamoze y su Here Comes the Hotstepper, videoclips, Bowie, Imán…

-No me diga que no se acuerda, pero si era….

Y dos ideas en direcciones perpendiculares cruzando el cerebro. La primera, del hemisferio derecho al izquierdo, veloz para ir cargada de tanta indignada insolencia: “pero si no hace ni diez segundos que dijo la primera palabra”. La segunda, disparada directa a la garganta, empujada por el peso del reto, llenándose de letras ya en la boca, empujándolas con la punta de la lengua como a una pompa de chicle… Cuando me escucho decir: Naomi Campbell.

-Sí, ella, bellísima, la más bella, gracias, gracias…

Y ya está dándose media vuelta. Le sigo con la mirada, confusa, “quince segundos”, “a dónde va”, “¿ya se para?”, “¿dos pasos?”… Y entonces veo que otro hombre me mira y sonríe agradecido. Mientras, mi impaciente asaltador repite “Naomi Campbell, parfait, parfait, três belle, três belle…”.

Con quien habla es un joven senegalés vendedor ambulantes de pareos, que sonríe y asiente mientras, llamémosle ‘Refulgente cervatillo enamorado de la vida (RCEV)’, se deleita recorriendo el continente africano y las variadas y supremas formas de belleza de sus mujeres. Y ambos ríen, felices, ya asentados en Senegal, mientras el joven, relajado por fin, pudiendo expresarse con claridad, siendo entendido en su francés, responde con alegría contenida a la pasión de ese hombre que andará cerca de los 80, pero que parece capaz de cruzar el Atlántico a nado si una diosa de Ébano se lo pidiera desde Dakar. Rememoran los bamboleantes andares, las altivas cabezas, los pícaros juegos de seducción que acaban en risas nerviosas… Y también ellos ríen, ahora con melancolía.

Estoy a dos pasos, soy la única sentada en la terraza, parezco inmersa en la lectura de mi libro y creen que no entiendo francés. Pienso en que es una conversación tierna, son dos niños en una gran cocina, observando las faldas de las mujeres, tirando a ratos de ellas para conocer sus reacciones, buscando sus mulliditos regazos para descansar y hundir su nariz en su aroma a sudor, tierra y harina.

Han estado jugando y toca despedirse. RCEV le explica dónde vive y que siempre tendrá las puertas abiertas. El joven retoma su camino sonriente, todavía aturdido por una memoria remozada y aliñada con este viaje de curvas y cuerpos que dan la bienvenida.

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Y esa brisa de la siesta…

31 Jan 2011

¿Qué puede pasar más bonito que tú le pidas opinión sobre un texto a alguien a quien respetas mucho, y te escriba una reseña o nota de tu poema más bonito todavía? Pues eso me acaba de pasar y claro, se me ha quedado cara de boba, con una sonrisa enorme que a ratos se convierte en risita. Está claro que el amor le ciega, pero a mí me encanta dejarme querer. Mi primo, Alejandro Simón, además de otras observaciones, me regala este texto sobre el poema Levante:

Todo poema nace de una extrañeza cotidiana, como un desconocido que nos acompaña constantemente y en el que vertimos besos y escombros y del que tomamos todo lo que nos da. El viento puede ser ese extraño de manos heladas que se desvanece ante la fijación roja del corte del tomate o al escuchar su propio murmullo. Porque al final todo es mundo y todo es intemperie. Para Patricia el viento no es una imagen cualquiera, ni casi ese extraño, por eso no resulta abrupto el giro de persona, convertirse en levante y vestirse de Bolonia, o del viento norte, o con tacón, comerse el corazón de la sandía y escupir el resto, la derrota que no el fracaso, cuidar lo que no importa y no hacer nada, y volver. Lo dijo Cernuda, y ella, claro, conoce perfectamente esos mismos callejones a veces sin salida, esos cuarenta grados a la sombra que impone el miedo: “porque algún día yo seré todas las cosas que amo”. Y ese día el viento dejará huella, por fin.

Y si no queréis esperar a lo que tiene en el horno, podeís leer su poemario El guiño de la chatarra, Editorial Renacimiento (2010).

Levante

30 Jan 2011

Cuando hay viento de levante me vuelvo del revés.
Reconquisto mis espacios negativos,
me mudo al trasluz de mis persianas,
ronroneo estirada entre mis pliegues
antes de empezar a explorar incertidumbres.
Y alguna certeza.

Cuando el viento viene de levante sólo hay relojes de arena.
Y dunas serpenteando la eternidad.
La idea de la muerte no se esquiva, no se olvida, no se teme.
Está en mi cama, en las olas, en ti y en tu urgencia al abrazarme.
Hay una extraña fijación en la forma de cortar los tomates,
una pulsión cálida en el chorro de agua que limpia mis manos.
Y ese silbo constante contra las ventanas,
ese tintineo de la persiana anunciando fantasmales visitas,
ese quejío agonizante en los muros
y esos portazos metálicos que no pueden venir de ningún sitio.

Cuando el levante rompe contra mis pechos
naufragan el Mal y el Bien, el nudo y la angustia.
El miedo es el escalofrío de los 40 grados a la sombra
y la paz saber que nadie intentará cambiarme.
La verdad es una sandía siempre fresca y crujiente
y el futuro, el lujo de mantenerse en silencio tras la pregunta.

Cuando soy levante, bañada en sudor, salitre y valentía
no temo volver a empezar para volver a fracasar.

Pero siempre llega la resaca y el desconsuelo.
Y el poniente, sin levantar un palmo los granos de arena,
sin portazos, dramas ni malos modos,
con la altanería de un académico,
borra mi memoria, vence mi valentía.
El poniente me llama turista.

Música

18 Dec 2010

“Sueño con la primera cereza del verano. Se la doy y ella se la lleva a la boca, me mira con ojos cálidos, de pecado, mientras hace suya la carne. De repente, me besa y me la devuelve con la boca. Y yo que voy tocado para siempre, el hueso de la cereza todo el día rodando en el teclado de los dientes como una nota musical silvestre”.

¿Qué me quieres, amor?, Manuel Rivas.

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Fotograma de la película Cerezos en flor

Y hablar de cerezas, obviamente, es recordar la película Cerezos en Flor, de Doris Dörrie, y
el disco El tiempo de las cerezas, de Bunbury y Vegas grabado en el Liceu.

Y vino un periodista de no sé dónde

18 Nov 2010

Y vino un periodista de no sé dónde

a preguntarnos qué era para nosotros el exilio.

no sé de dónde era el periodista,

pero igual lo dejé pasar

El cuarto estaba húmedo estaba frío

hacía dos días que no comíamos bocado

sólo agua y pan las cartas traían malas noticias del Otro Lado

“¿Qué es el exilio para usted?” me dijo

y me invitó con un cigarrillo

No contesto las cartas para no comprometer a mis parientes,

“A Pedro le reventaron los dos ojos antes

de matarlo a golpes, antes, sólo un poco antes”

“Me gustaría que me dijera qué es el exilio para usted”

“A Alicia la violaron cinco veces

y luego se la dejaron a los perros”

Bien entrenados,

los perros de los militares

fuertes animales

comen todos los días

fornican todos los días,

con bellas muchachas con bellas mujeres,

la culpa no la tiene el perro,

sabeusté,

perros fuertes,

los perros de los militares,

comen todos los días,

no les falta una mujer para fornicar

“¿Qué es el exilio para usted?”

Seguramente por el artículo le van a dar dinero,

nosotros hace días que no comemos

“La moral es alta, compañero, la moral está intacta”

rotos los dedos, la moral está alta, compañero,

violada la mujer, la moral sigue alta, compañero,

desaparecida la hermana, la moral está alta, compañero,

hace dos días que sólo comemos moral,

de la alta, compañero,

“Dígame qué es el exilio, para usted”

El exilio es comer moral, compañero.

Cristina Peri Rossi, Antología Poemas a toda plana -Poesía y periodismo- de Juan José Téllez, Colección Visor de Poesía (2009)

Strange things will happen

14 Nov 2010

Today was a pretty day
No disappointments
No expectations on your whereabouts
And oh, did I let you go?
Did it finally show that strange things will happen if you let
them?

Today I didn’t even try to hide
I’ll stay here and never push things to the side
You can’t reach me cause I’m way beyond you today

Today was a pretty day
Autumn comes with
These slight surprises where your life might twist and turn
Hope to unlearn
Strange things will happen
If you let them come around and stick around

Today I didn’t even try to hide
I’ll stay here and never push things to the side
Today I didn’t even look to find
Something to put me in that peace of mind
You can’t touch me cause I’m way beyond you today

Strange things will happen, The Radio Dept. (BSO Bon Appétit)

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A golpe de encuesta

18 Oct 2010

“Habla, pueblo, habla. Que si quieres leña al mono, yo tiraré la primera piedra”. Así parece que los bomberos pirómanos que gobiernan Europa han decidido perpetuarse en el poder. A golpe de encuesta y convirtiendo los resultados en “sus deseos son órdenes”. Adiós programas electorales -si alguna vez fueron una fuente fiable- y adiós ideologías -si alguna vez fueron garantía de algo-. Las encuestas determinan quién es el candidato con más opciones para ganar y, por tanto, quién debe ser el candidato, el grado de xenofobia de los discursos de los políticos, cómo convertirse en el líder de la oposición para igualar sus resultados, los temas más urgentes aunque, quién sabe, no los más importantes… El resto de la labor de gobierno está marcada por el siguiente titular que conquistar o combatir y por el ruido de sables del mercado internacional. ¡Por fin el pueblo ha alcanzado la perfecta correa de transmisión del poder! ¡Ya no hace falta ir a votar, sino que un encuestador llame a tu puerta!.

Véase Merkel y su nuevo discurso marcado por las encuestas:

Merkel da por muerto el modelo de sociedad multicultural en Alemania,  El Periódico de Catalunya

«Nosotros nos sentimos vinculados a los valores cristianos. Quien no acepte esto, no tiene cabida aquí»

«A principios de los años 60 nuestro país convocaba a los trabajadores extranjeros para venir a trabajar a Alemania y ahora viven en nuestro país», aseguró la cancillera. «Dijimos: No se van a quedar, en algún momento se irán. Pero esto no ha sido así», añadió.

La jefa del Gobierno dice que quien no aprenda «inmediatamente alemán no es bienvenido»

Pinceladas de un buen sábado

16 Oct 2010

Contexto. Otoño: luz gris pálido, mar azulado oscuro muy calmado y frescorcito.

Lugar de los hechos: Sofá, silla a los pies con cojín, vela de canela, mantita, té verde muy caliente y relectura del precioso libro de Maruja Torres Un calor tan cercano.

Almuerzo tardío de sopa de cebolla.

Sobremesa de poesía: La casa roja, de Juan Carlos Mestre.

Baño con aceite de romero y el disco The hard way de James Hunt en el tocata. Til the end sonó una y otra vez…

Y ahora más poesía: Como la lluvia, de José Emilio Pacheco.

Los días que no se nombran

En vano trato
De recordar lo que pasó aquel día.
Estuve en algún lado,
Hablé con alguien,
Leí algún libro…
Lo he olvidado todo.

A tan sólo unos meses de distancia
Parece que las cosas sucedieron
En el siglo XIV antes de Cristo.

Todo es nunca por siempre en nuestra vida.

¿Qué dije, qué pensé?
No tengo idea.
Jamás me enteraré de lo ocurrido.

Salí de las tinieblas,
Voy a ellas.

Pues eso, que prefería nombrar este día para que no se perdiera en el olvido.