Cádiz, Agosto de 2011
Sabía que había leído antes a Manuel Rivas hablando sobre la becada, esa ave con un amplio ángulo de visión, casi panorámico, muy “valorada” por los cazadores -ése fue el verbo empleado por el escritor, aunque en realidad lo que valoran es darle muerte- por lo difícil que resulta atraparla y porque es la primera que da la voz de alerta al resto de los animales cuando los depredadores entran en su territorio. Este orden elegido por el autor de los argumentos por los que es perseguida también se le había quedado grabado y no le parecía el acertado. En todo ello iba pensando, a saltitos, mientras jugaba con las palabras del enamoramiento, como hacía uno de sus protagonistas en ¿Qué me quieres, amor? con los huesos de la cereza de su amada en la boca… Así iba llenando yo los silencios de las comas de mi conversación mental, “Ay, Rivas, Rivas”, con esas pequeñas desavenencias, casi domésticas, que una se permite cuando sabe que no romperán el encandilamiento. Justo ahí andaba cuando empezó a dejar caer su cuerpo sobre la silla y un “señorita, disculpe”, suave pero nada dubitativo, la puso alerta y en pie como un resorte.
-”¿Cómo se llamaba aquella maniquí mulata, con ojos claros…?”
Apenas empezaba a encajar esos ojos vivarachos, redibujados con profundas arrugas de vida reída y llorada a gusto, dentro de esa barba blanca, recortada, cuidada; y ésta en ese rostro bronceado de días y noches de cara a la mar… Mientras, las palabras rezongaban en el cajón de los sinónimos: “Señorita”, ufff; “llamaba”, ¿está muerta?, pasado muy lejano; “maniquí”, modelo; “mulata”, negra; “ojos claros”, ¿lentillas?…Y justo en medio de esa marabunta de conexiones neuronales buscando aliados en revistas, programas de televisión, películas, Prêt-à-porter, Ini Kamoze y su Here Comes the Hotstepper, videoclips, Bowie, Imán…
-No me diga que no se acuerda, pero si era….
Y dos ideas en direcciones perpendiculares cruzando el cerebro. La primera, del hemisferio derecho al izquierdo, veloz para ir cargada de tanta indignada insolencia: “pero si no hace ni diez segundos que dijo la primera palabra”. La segunda, disparada directa a la garganta, empujada por el peso del reto, llenándose de letras ya en la boca, empujándolas con la punta de la lengua como a una pompa de chicle… Cuando me escucho decir: Naomi Campbell.
-Sí, ella, bellísima, la más bella, gracias, gracias…
Y ya está dándose media vuelta. Le sigo con la mirada, confusa, “quince segundos”, “a dónde va”, “¿ya se para?”, “¿dos pasos?”… Y entonces veo que otro hombre me mira y sonríe agradecido. Mientras, mi impaciente asaltador repite “Naomi Campbell, parfait, parfait, três belle, três belle…”.
Con quien habla es un joven senegalés vendedor ambulantes de pareos, que sonríe y asiente mientras, llamémosle ‘Refulgente cervatillo enamorado de la vida (RCEV)’, se deleita recorriendo el continente africano y las variadas y supremas formas de belleza de sus mujeres. Y ambos ríen, felices, ya asentados en Senegal, mientras el joven, relajado por fin, pudiendo expresarse con claridad, siendo entendido en su francés, responde con alegría contenida a la pasión de ese hombre que andará cerca de los 80, pero que parece capaz de cruzar el Atlántico a nado si una diosa de Ébano se lo pidiera desde Dakar. Rememoran los bamboleantes andares, las altivas cabezas, los pícaros juegos de seducción que acaban en risas nerviosas… Y también ellos ríen, ahora con melancolía.
Estoy a dos pasos, soy la única sentada en la terraza, parezco inmersa en la lectura de mi libro y creen que no entiendo francés. Pienso en que es una conversación tierna, son dos niños en una gran cocina, observando las faldas de las mujeres, tirando a ratos de ellas para conocer sus reacciones, buscando sus mulliditos regazos para descansar y hundir su nariz en su aroma a sudor, tierra y harina.
Han estado jugando y toca despedirse. RCEV le explica dónde vive y que siempre tendrá las puertas abiertas. El joven retoma su camino sonriente, todavía aturdido por una memoria remozada y aliñada con este viaje de curvas y cuerpos que dan la bienvenida.
